domingo, febrero 05, 2006

ANTES DEL 78: LA CONCIENCIACIÓN Y EL DESPERTAR

Para los que nos habíamos criado mamando los “ principios del Movimiento Nacional”, y escuchando machaconamente lo de una, grande y libre, mientras aprendíamos el funcionamiento de los pocos órganos de participación, marcadamente machistas, usados durante la dictadura franquista, o del sindicato vertical fascista, en la asignatura obligatoria de “Formación Política, Social y Cívica”, o Formación del Espíritu Nacinal” –Que ambos nombres tuvo-, los que hemos asistido, durante una infancia entera, a los multitudinarios actos de aclamación popular al generalísimo, cada vez que se inauguraba una de las obras de ingeniería que se acometieron durante la dictadura, los que hemos rezado cada mañana, de pié frente al crucifijo, en la escuela de los años 60, en esa escuela en que los niños pobres, se escindían del sistema educativo a partir de los 10 años, para todos nosotros los aires de cambios que precedieron, y siguieron a la muerte de Franco supusieron una conmoción que marcó nuestra personalidad, con una especie de sello generacional, en forma de conciencia colectiva.

Yo nací el 12 de junio de 1959, a la hora de la siesta, bajo ese sol abrasador del verano extremeño, que incita a las chicharras a quejarse, mientras todos reposan la comida. Tenía 16 años cuando, tras una larga espera, un 20 de noviembre de 1975, vimos la bandera del instituto a media acta, desatando una especie de alegría general, que inundó el Norba Caeserina de Cáceres, que entonces era el Instituto Femenino, justo enfrente del masculino, el Brocense.

Por aquél entonces algunos profesores del Instituto, comenzaban a moverse dentro de sus posiciones ideológicas, y aunque los partidos políticos estaban prohibidos, se permitían reuniones, teóricamente clandestinas, -por carecer de autorización administrativa, ya que tampoco existía el derecho de reunión- organizadas por los propios profesores, que militaban en los diferentes partidos políticos en la clandestinidad, y en las que exponían los planteamientos de sus respectivos grupos.

Mis amigas y yo , íbamos a todas, y yo no tardé en darme cuenta de cual era la opción política de izquierdas, que podía aglutinar a un electorado más amplio tras su legalización, y ni cortas ni perezosas, allá que nos fuimos todas, a pedirle a Don Pablo Naranjo, director del Instituto, por aquel entonces, y militante histórico del PSOE, que incluso había estado la cárcel como preso político, que nos metiera en las Juventudes Socialistas.

Tina y Ana, dos gemelas idénticas, que eran junto con Belén mis mejores amigas, Marceliano Solís, alumno del masculino, que había preparado con nosotras la obra de teatro “un Soñador para un Pueblo” de Buero Ballejo, y yo, ingresamos en el Partido con la pasión incondicional de la fe. Marceliano y yo pasábamos las tardes de los fines de semana en la sede del partido, un cuchitril alquilado en la calle Parra, por si alguien venía, todo ello desinteresadamente.

Aquí en Cáceres, éramos pocos militantes. Recuerdo, sobre todo, a Don Pablo Naranjo, con su aspecto paternal, y respetuoso, a Federico Suárez, que era un estudiante de magisterio, todo nobleza, y dispuesto a hacer muy pocas concesiones, a Francisco Javier Hernández de Cáceres –Pino-, tambien de magisterio, que era la propia imagen de la libertad, desinhibido, y espontáneo, y que a mí me resultaba personalmente adorable, a Marceliano Solís, para mí Ensenada -nombre del personaje que interpretaba en la obra de Teatro que habíamos preparado- que era ese amigo que escucha todos tus problemas, y al que estás dispuesta a perdonarle cualquier cosa, que lo aceptas como es, o como quiera ser, y que recuerdas con nostalgia toda la vida, a Desiderio Guerra, entrañable y generoso, muy cariñoso con las mellis y conmigo. A veces venía Belén, que era mi mejor amiga....

Nos habíamos empapado de Marx, y Engels, escuchábamos a Víctor Jara, y admirábamos al Che. Pero sobre todo éramos gente, por lo general convencida, con una arraigada conciencia de clase, y una enorme preocupación por los problemas sociales y políticos. Estabamos dispuestos a luchar desinteresadamente por la materialización de nuestras ideas, y decididos a aportar todo lo que estuviera en nuestra mano.

Aquél primer año, antes de la legalización del partido, nos reuníamos una vez a la semana, como mínimo, y como todos teníamos algún cargo o cometido, visitábamos casi a diario la sede. Luego llegó la legalización, y posteriormente la convocatoria de las primeras elecciones.

Yo era menor de edad, tenía 17, y la mayoría era a los 21, justo los 4 años que me llevaban Pino y Federico, que desde el primer momento se dedicaron a dar mítines, por los pueblos, acompañando a Pablo Castellanos, nuestro candidato, un hombre interesante, licenciado en Derecho, con una sólida formación política, y una amplia cultura, que arrastraba a cuantos le rodeaban, con su elocuencia.

Para entonces habíamos alquilado el viejo hotel Álvarez entero, aprovechando que tenía que cerrar para ser rehabilitado. Vino mucha gente de Madrid, y nos mandaron montones de carteles para la campaña, con fotos de Felipe González, que era prácticamente un desconocido, hasta entonces, y pegatinas con el puño y la rosa. Recuerdo la pegada de carteles del primer día de campaña, todos a una. ¡Era todo tan romántico! ¡ Aún escucho el eco de nuestras voces cantando la Internacional!.

Yo estudiaba COU, y con el follón de la campaña electoral, los mítines, las pegatinas, los carteles y demás movidas, aprendí unas cuantas cosas, y disfruté de irrepetibles experiencias, pero eso sí, bajé un montón en la selectividad.

Luego me fuí a Cádiz a Estudiar Naútica, y estando allí, fue cuando una noche pletórica de ilusiones, en octubre del 82, el PSOE ganó las elecciones generales, -en las que pude votar por primera vez-. Con el corazón encogido, fuimos asistiendo al recuento de votos, desde una especie de Pista Polideportiva, con una gran pantalla, el conmovedor escrutinio, que llevó, por primera vez después de Franco, al gobierno, al Partido Socialista Obrero Español.

Milagrosa Carrero Sánchez

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