sábado, febrero 02, 2008

EL DECLIVE

Por fin estaba allí, con cerca de cincuenta a las espaldas, en esa zona de la vida que se llama envejecer, y estaba sola, como a los doce, cuando era un patito feo todavía, con la misma sensación de estar en medio del camino que al principio, y con los mismos deseos que colmar aunque desde el otro lado del espejo me mirara esa otra Mila, que me condiciona y me limita.

Acababa de divorciarme y veía pasar mis horas entre el ordenador y la rutina sintiendo como cada segundo que consumía se me incendiaba entre las manos, y como mi capacidad de frustración parecía no tener límites.

Ni que decir tiene que ya hacía tiempo que mi cuerpo había traspasado la frontera de la invisibilidad, y que había visto transformarse sus encantos en digna elegancia… mientras mis sueños seguían saturados de pasión, abiertos a que alguien, tan arrollador como mi mente es capaz de interpretar, tan brillante como mis ojos son capaz de ver, tan irresistible como soy capaz de desearlo yo, se hiciera un sitio a medio camino entre mi corazón y mi “cabeza”.

Milagrosa Carrero Sánchez

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