miércoles, diciembre 28, 2011

Al otro lado del amor


Ah el amor… inesperado, ingrato, excesivo, doloroso, tierno… tiene la facultad de devolverme a mi más candorosa adolescencia, me despoja de prejuicios, me inunda de energía, me satura de generosidad.

De pronto me encontré aliviando la hinchazón de mis enrojecidos párpados tras la incontenible persistencia de un llanto que a duras penas se transformaba en un agónico nudo, en mi garganta, encerrando la pena en el interior de mi cuerpo y en lo más profundo de mi alma. ..

Nunca me hubiera imaginado cuando lo conocí que aquel respetable señor, de sonrisa amable, significara el menor peligro para mi estabilidad emocional o mi equilibrio afectivo. Vamos que cuando, una tarde de cine, se atrevió a ofrecerme algo más que alguna galante zalamería, sólo aprecié en su mano la fiable caricia de un amigo.

¡Cuánto habría dado yo por volver una vez más a enamorarme! , pero no pensé que fuera el caso, o al menos eso creía yo.

¿Vosotros os habéis enamorado? ¿Habéis sentido como el torrente imparable del amor os inundaba, como una ola gigante, frente a la que es inútil oponer resistencia? ¿Habéis sentido como os derretíais con un beso del ser amado, os habéis rendido a sus deseos, os habéis abandonado a su voluntad?

Él era dulce, cálido, amigable, y cada noche estaba allí, con su regazo dispuesto a acogerme. ¡Nunca he dormido tan a gusto!. Yo estaba loca por él. Mi mayor aspiración era perderme entre sus brazos. Lo mimaba, lo inundaba de caricias, lo besaba hasta llenarlo de deseo. Me sentía pletórica y anteponía mi pasión a cualquier otro deseo. Todas las actividades que me habían llenado hasta entonces pasaron a un segundo plano, desatendía mis blogs, mis correos, los periódicos en los que anteriormente me complacía publicar mis artículos de opinión. .. Dejaba conscientemente que me humillara, y cada fin de semana esperaba ansiosa su regreso de los brazos de la mujer a la que amaba.

Mila Carrero