viernes, diciembre 11, 2015

Por fin Madre

Fue un 11 de diciembre.

Nacida de unos padres que se amaban y orgullosa como estaba de ellos, desde mi tierna infancia había acariciado el deseo de ser madre mientras cuidaba primorosamente a un adorado muñeco de trapo que hacía las veces de mi bebé.

Allí estaban ellos, ya casi ancianos, ayudándome a preparar las cosas entre contracción y contracción para irnos a a clínica.

Yo vivía en Cádiz, y desde el balcón se veía el mar, se oían las olas y se olía el salitre.

Fue en una vieja clínica del casco antigua, donde el doctor Abreu nos atendió en ese trascendental momento que cambió mi vida. El método consistía en dormir a la parturienta en el momento de la expulsión para proceder tranquilos a las correspondientes suturas y aliviar a la madre.

Fue ya anochecido, tras más de 12 horas de dilatación y yo debía estar exhausta porque varias horas tras el parto aun estaba dormida.

Fue mi madre la que me despertó y me la puso en los brazos. Era la criatura más hermosa que yo hubiera visto jamás. La niña más bonita del mundo, con la carita redondita y rosada. Le pregunté insistentemente a mi madre si la niña estaba bien y la hice repetirme varias veces que lo estaba. Yo estaba llorando y mi madre me decía que no llorara pero yo no lo podía evitar. Entonces supe lo que es llorar de felicidad y por primera vez lo que era el miedo.


Mila Carrero Sánchez